Penaltis en el fútbol: La ciencia en los 11 metros

En los cerca de 119 años que han pasado desde que se tiró el primer penalti de la historia, en un partido entre el Wolverhampton Wanderers y Accrington Stanley, los 11 metros han determinado la suerte de muchos torneos, incluso la final de la Copa del Mundo de 2006.

Dado que la importancia del penalti ha crecido, también lo ha hecho la investigación acerca de él. Los científicos lo ven como un duelo entre el que lanza y el portero en el que la biomecánica y la psicología pueden suponer un detalle crítico para cada uno de los dos.

Un estudio matemático sobre los penaltis en la Universidad de Liverpool John Moore enfoca los penaltis desde el punto de vista de “rómpela y reza”.

Penalti lanzado por el Real Madrid.

Penalti lanzado por el Real Madrid.

Según averiguaron, el penalti perfecto es un balón lanzado alto, envíado de forma precisa a la parte derecha o izquierda del portero y rápido, a unos 25-29 metros por segundo (90-104 kilometros por hora).

Cualquier balón que vaya más rápido tiene menos posibilidades de entrar por un problema de inprecisión, mientras que cualquier balón más lento es más probable que el portero lo pare.

Ir rápido a tirar el penalti (menos de 3 segundos después del pitido) le da al delantero el elemento de sorpresa, mientras que retrasar el golpeo más de 13 segundos provoca que el portero esté incómodo, de acuerdo con los investigadores, que observaron los partidos internacionales de Inglaterra desde hace varias décadas.

Esperar a que el portero se mueva también incrementó las posibilidades. Sin embargo, esperar más de 0.41 milisegundos hace que las opciones estén igualadas. Una carrera de entre cuatro y seis pasos es la más acertada, mientras que una carrera de más de 10 metros es la peor.

Si miramos los penaltis desde una perspectiva estadísticamente, el balance de penaltis marcados es mucho mayor que la de penaltis fallados: entre dos tercios y tres cuartos de los lanzamientos resultan en gol, de acuerdo con varios análisis realizados a un equipo puntero europeo.

Pero, en contra de lo que se podría esperar, estas cifras dan una ventaja psicológica al portero. Si el penalti entra, la gente le dará una palmadita en la espalda y dirá “mala suerte”, porque muy pocos esperaban que lo parase. Si lo para, será aclamado y vitoreado. En otras palabras, toda la responsabilidad recae en el que lo tira.

Este problema fue analizado el año pasado por un equipo de la Universidad de Exeter en Inglaterra, que pidió a miembros del equipo universitario de fútbol que llevasen gafas especiales, que grababan los movimientos de los ojos, mientras tiraban dos series de penalties.

En la primera serie, los jugadores simplemente hicieron lo que pudieron por marcar. En la segunda se les dijo que los resultados serían grabados y compartidos con los otros jugadores, con una recompensa de 50 libras para el mejor lanzador.

Cuanto más ansioso estaba el lanzador, más probable era que mirase a la posición centrada en la que se encontraba el portero. Y debido a que el control de la mirada y de la parte motora del cuerpo están muy coordinados, el tiro del jugador también iría centrado, lo que haría mucho más fácil que el tiro se parase.

“La estrategia óptima para los lanzadores de penaltis es coger un punto y tirar a él, ignorar al portero durante el proceso”, explicó el investigador que lideró el proyecto, Greg Wood.

El entrenamiento es muy importante, dijo. El gran hungaro Ferenc Puskas (Cañoncito Pum) entrenaba una y otra vez, tirando a un disco de 25 centímetros que colgaba 80 centímetros del larguero.

“La idea de que no puedes recrear la ansiedad que siente el lanzador durante una tanda de penaltis no es una excusa para no practicar”, dijo Wood.

“¿Crees que otros deportistas de élite no practican deportes como dardos, golf o snooker por estos motivos? Las habilidades han de ser reforzadas para que sean muy robustas cuando se trabaja bajo presión”.

Con respecto a ayudar al portero, los experimentos sugirieron que mirar a las caderas de los jugadores al final de la carrera da una idea de hacia dónde se tirará el balón. Investigadores de la Universidad de Hong Kong también sugirieron que si un portero se mueve entre 6 y 10 centímetros del centro, es suficiente para tentar al tirador con tirar al otro lado.

También hay juegos mentales, como tomarse tiempo para preparar el tiro o distraer al lanzador.

Incluso el color de la ropa se cree que puede ayudar: Petr Cech del Chelsea, prefiere llevar una raya naranja brillante en su camiseta bajo la creencia de que atrae al oponente haciendo más probable que disparen a donde está él.

Esta creencia está reforzada por psicólogos del deporte de la Universidad de Chichester, que pidieron a 40 futbolistas que tirasen docenas de penaltis a lo largo de una semana contra un mismo portero que cambiaba su camiseta. Cuando iba de rojo, sólo el 54% de los penaltis entraban; en amarillo, el 69%, en azul el 72% y en verde el 75.

¿Por qué? El rojo se asocia con peligro, dominación o ira, y en momentos de estrés ponemos más atención a nuestro entorno, según la teoría.

Este artículo ha sido traducido de Physorg y publicado bajo licencia CC by-sa

One Response to Penaltis en el fútbol: La ciencia en los 11 metros

  1. luis dice:

    muy interesante artículo, en estos momentos adelanto una investigación similar, donde puedo conseguir el escrito de la investigación realizada por la universidad de liverpool para tomarlo como antecedentes? si conoce algun link por favor agradecería me lo enviase al correo. muchas gracias

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