Cometas de altos vuelos llevan la energía eólica al cielo

No lejos de donde Orville y Wilbur Wright volaron su primer avión, en Kitty Hawk, Carolina del Norte, Rob Creighton y sus socios de una start-up llamada Windlift prueban un artilugio diseñado para capturar la energía del viento a grandes alturas y convertirla en electricidad para los usuarios que no tienen acceso a la red.

Los potenciales clientes van desde el ejército de EEUU a resorts vacacionales ecológicos en lugares remotos pasando por personas pobres del hemisferio sur desesperados por conseguir energía.

Creighton, un hombre de 36 años que creció en Minnesota, prueba sus máquinas en Outer Branks por la misma razón por la que lo hicieron los hermanos Wright: es una zona con muchísimo viento. Su empresa es una de varias –también está Makani Power (apoyada por Google), Joby Energy y KiteGen– trabajando en una parte no muy conocida de las energías renovables pero que podría dar mucho que hablar en el futuro. Están desarrollando varias tecnologías y estrategias de negocio, pero todas tienen una cosa en común, buscan incrementar la potencia y el rendimiento al alejarse del suelo (si quieres saber más, echa un vistazo a este PDF).

Winlift

Windlift

Conocí a Rob la semana pasada en una conferencia sobre energía y clima en el Centro de Empresas Sostenibles en la Universidad de Carolina del Norte. Según parece su obsesión sobre las cometas le viene desde su niñez, cuando disfrutaba bajando Boundary Waters en canoa y ponía una cometa en la embarcación para ir más rápido.

Su primer experimento para conseguir electricidad de una cometa no era mucho más sofisticado. Como estudiante de MBA de la Universidad de Wisconsin, juntó un par de columpios, roca salada, un palo de hockey y un ala de tres metros y generó energía mecánica, elevando 200 libras de sal. Windlift, con base en Durham, se aseguró el año pasado una concesión por un millón de dólares del ejército americano para investigar, desarrollar y probar prototipos de su Airborne Wind Energy (AWE).

“Están bastante interesados en nuestra tecnología”, dijo Creighton, “porque tienen grandes problemas para envíar combustible a algunos lugares”. Utilizar combustible diésel para dar potencia a instalaciones militares es algo que requiere mucho tiempo y líneas de suministro largas y complejas. “Quiero pensar que nuestro producto podría salvar vidas”.

Creighton nunca esperó convertirse en un contratista para el ejército. Se interesó por la creación de energía fuera de red tras pasar medio año en India como estudiante, donde se abrumó por la pobreza. “Siempre me ha fascinado el proceso de desarrollo”, me dijo. “¿De dónde viene la riqueza?”. Tenía claro que el desarrollo económico y la disponibilidad de energía iban unidos. Más tarde, investigó maneras de producir energía con el menor necesidad de recursos posible y minimizando el impacto ambiental. Esto le llevó al viento en el cielo.

Intentó, en primer lugar, vender la idea a ONGs que intentasen estimular el crecimiento económico en países pobres, pero es raro que den dinero al desarrollo de nuevas tecnologías. Lo siguiente que pensó fue las industrias del petróleo con pataformas petrolíferas. Se encontró con el Director de Halliburton en una reunión de alumnos en Wisconsin. Para comenzar una empresa, le dijo “tienes que ser agresivo y tienes que, quizá, hacer cosas no aceptadas socialmente y quizá hacer un poco el loco”.

El motor AWE Windlift incluye varios componentes clave, Robe explica: Una vela de 40 metros cuadrados que se mantiene unida a la Tierra por hilos muy resistentes de 150 metros, un mecanismo de potencia en el suelo que utiliza la tensión de los cables para funcionar como un freno regenerativo (como el Prius) que carga las baterías y controles electrónicos sofisticados que permiten hacer todo esto de forma automática. Dice que Windlift enviará un sistema que da picos de 12 kW al Laboratorio Nacional de Energías Renovables en Colorado a finales de año para hacer más pruebas.

“Sabemos que lo principal funciona”, dice Creighton. La cuestión es saber qué altitud podemos alcanzar a un precio razonable.

Windlift es una empresa pequeña con sólo tres empleados a tiempo completo. Algunos competidores tienen más. Makani tiene mucho dinero por sus lazos con Google. Joby Energy fue fundada por JoeBen Bevirt, un empresario que co-fundó Velocity11, una empresa de equipamiento de laboratorios y la vendió a Agilent. La Universidad de Delft en Holanda ha establecido un centro de estudio de los vientos a grandes altitudes.

El último año, la industria emergente se reunió por primera vez en la Conferencia de Potencia Eólica de Mucha Altitud en California. “Diferente gente tiene diferentes ideas y teorías”, dice Creighton, “pero hay mucho modelado computacional por hacer que nos va a ayudar a todos”.

Este artículo ha sido traducido de Green Biz y publicado bajo licencia CC by-sa

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