¿Se puede patentar un producto que acaba con el hambre y salva vidas?

En Normandía, una compañía de suplementos alimenticios llamada Plumpynut ofrece la mejor esperanza para que no haya más niños hambrientos en el mundo.

Inventado en 1999 por el científico nutricional pediátrico Andre Briend, que está afiliado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y fabricado por la empresa francesa Nutriset, que se formó en 1986 para combatir los problemas nutricionales de poblaciones de riesgo; el producto se fabrica bajo licencia de la compañía en varios países de Africa donde, en los últimos cinco años, ha transformado el tratamiento de niños malnutridos.

De acuerdo con el jefe de nutrición de Médicos Sin Fronteras, el Dr. Milton Tectonidis, el producto es sobresaliente porque tiene una gran cantidad de nutrientes esenciales como proteínas, calcio, vitaminas y minerales en un paquete individual y estéril que no requiere refrigeración, cocinarse ni agua limpia.

Niño comiendo Plumpynut

Niño comiendo Plumpynut. Unicef.

Como contiene muchas vitaminas -A, complejo de vitaminas B, C, D, E y K- y minerales como Calcio, Fósforo, Potasio, Magnesio, Zinc, Cobre, Hierro, Yodo, Sodio y Selenio, en paquetes de 92 gramos se obtiene 500 kcal de nutrición muy específica. Plumpynut funciona donde la comida local e incluso la familiar fallan. Esto es debido a que, pasada una fase específica de malnutrición, los niños no pueden digerir comida “normal” y necesitan una nutrición intensa.

Por un precio de 1$ al día, o 12€ al mes, por dos paquetes diarios de 2 a 4 semanas, la nutrición se la pueden permitir incluso en naciones pobres como Niger, donde Plumpynut hizo pruebas en la crisis alimentaria de 2005. También es importante el hecho de que los niños -incluso los que están debilitados por malnutrición- pueden auto-alimentarse simplemente con apretar el envoltorio.

De hecho, de acuerdo con el Dr. Tectonidis, si EEUU y la UE quisieran gastar dinero de su programa de comida en Plumpynut, muchas más compañías empezarían a fabricarlo.

Ahí está el problema porque Nutriset controla la patente 346284 de EEUU, y aparte de sus licencias de envasado dadas a negocios en Malawi, Etiopía, Níger, RD del Congo, Mozambique y la República Dominicana, el producto no puede ser reproducido, ni siquiera imitado, incluso por fabricantes que pudiesen producirlo a menor coste.

De acuerdo con Nutriset, la patente es necesaria para asegurar que fabricantes avariciosos no invadan el mercado con productos de peor calidad que podrían hacer que el problema de la malnutrición en el tercer mundo empeorase (por ejemplo, sustituyendo sustancias como la melanina como hicieron en China).

Dos organizaciones americanas sin ánimo de lucro no están de acuerdo y en enero dijeron que iban a llevar la patente a juicio. El Director de una de ellas, Mike Mellace de la Mama Cares Foundation de California, describe la patente como “tan amplia y genérica que incluso ha sido violada por muchas otras compañías de comida”.

La otra organización es Breedlove Foods, cuyo director, David Fish, trabaja con Mama Cares y el abogado de Dallas Bob Chiaviello. Su buffette, Fullbright & Jaworski, trabaja voluntariamente para que se rechace la patente y que así compañías como Mama Cares y Breedlove puedan dar suplementos alimenticios más baratos.

De hecho, Nutriset, bajo su propia patente, ahora proporciona el 90% de los alimentos terapeúticos en todo el mundo. Esto, según Mellace, crea un monopolio que bloquea su producto, Re:vive (y otros suplementos), y les impide competir.

Mellace argumenta que sólo unos 2 millones de niños en todo el mundo están recibiendo Plumpynuts, aunque 150 millones sufren algún tipo de malnutrición.

Para Nutriset, las cosas no son así. Si la patente se rechaza, según los oficiales, los licenciados de Nutriset y sus socias africanos no podrán competir en un mercado global con fabricantes europeos y americanos mejor equipados. Y esto, a cambio, acabaría con la idea de “autonomía nutritiva” o seguridad alimentaria dada por hacen el producto donde se suele utilizar.

El problema con la producción americana, dice Nutriset, es que los fondos para proveedores de comida y suplementos nutritivos implicaría que casi todo el dinero de ayudas se gastase en granjas americanas. Esto significa que un tercio de los que cultivan cacahuetes no podrían competir en un mercado global, lo que incrementaría la pobreza en esos países con mayor riesgo para que haya malnutrición infantil.

Pero este argumento pierde fuerza cuando se ve que la compañía francesa ha extendido su negocio franquiciándosela a una compañía de Rhode Island llamada Edesia, que se convertirá en la primera compañía que produce Comida Terapeútica Lista para Usar (RUTF por sus siglas en inglés).

Mellace y Fish no son los únicos rivales de la compañía francesa. En noviembre de 2009, la empresa noruega Compact se enfrentó a Nutriset por bloquear el envío de sus productos a Kenya, desde dónde Compact pretendía enviarlos a Somalia y RD del Congo. Ese mismo año, el gobierno indio bloqueó las ayudas humanitarias que utilizaban Plumpynut para tratar los focos regionales de malnutrición. ¿Por qué? Porque, según la India, Plumpynut provocaba que no se utilizase comida local.

La pregunta sigue en el aire; ¿la defensa de la patente de Nutriset es totalmente altruísta, con el objetivo de dar soberanía nutricional y prevenir que los suplementos tengan baja calidad o el ataque a las compañías que buscan lo mismo que ella busca preservar su mercado en un mundo en el que cada vez hay más ciudadanos hambrientos?

Este artículo ha sido traducido de Celsius y publicado bajo licencia CC by-sa

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